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Las cien caras de la Puerta del Sol

Por | 31 enero, 2015 | 0 comentarios

La Puerta del Sol hacia 1885

Desde su creación, la Puerta del Sol ha sido objeto de numerosas remodelaciones, especialmente en las últimas décadas. Es muy curioso ver cómo con el paso de los años, un mismo paisaje urbano, un mismo trazado de calles puede cambiar tanto en su aspecto y en sus elementos principales.

Por ejemplo, si hace unos siglos el reloj de la Iglesia del Buen Suceso era el protagonista de las burlas de los madrileños porque siempre andaba fuera de hora, hoy este templo ha desaparecido y en su lugar hay una tienda Apple. En cambio, las miradas que buscan la hora se vuelven hoy hacia el emblemático reloj de la Real Casa de Correos, protagonista indiscutible de la última noche del año que con sus doce campanadas pone la banda sonora a todas las Nocheviejas madrileñas.

En la Puerta del Sol ha habido zonas arboladas de las que ya no queda ni el recuerdo en la mente de los madrileños más jóvenes, y también ha habido fuentes que ya no están. Las que vemos hoy son dos fuentes gemelas diseñadas por Herrero de Palacios hacia 1950, denominadas popularmente como «El dos de oros» o «Los ceniceros».

Sin embargo, en otro tiempo existieron las llamadas Fuente del Chorro y la Fuente de las Arpías o de la Fe. De esta última, por ejemplo, solo queda la estatua de la Mariblanca, una bella efigie de estilo neoclásico que representa a una mujer cuya identidad no está clara, con un pequeño amorcillo a sus pies. ¿La diosa Diana? ¿Venus? ¿La Fe misma encarnada en una dama?

No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es de su ajetreado periplo por Madrid: al desmontar la fuente en 1892, fue enviada a los almacenes de la Villa, y allí permaneció hasta 1912, año en que la ubicaron en el Retiro. En 1969 fue llevada al Paseo de Recoletos y en 1984, tras ser objeto de un acto vandálico, fue guardada para siempre en el Museo de Historia de Madrid. Se hizo entonces una copia idéntica, que fue instalada al año siguiente en la Puerta del Sol en su emplazamiento original. En 2009 volvió a ser trasladada, esta vez dentro de la misma plaza, junto a la calle Arenal.

Algo similar le ocurre a la estatua de el Oso y el Madroño, que lleva 50 años paseando por la plaza. Esta escultura, realizada por Antonio Navarro Santafé en los años 60, fue colocada primero entre la calle de Alcalá y la Carrera de san Jerónimo. En 1986 fue trasladada muy cerca de nuestro hotel, al inicio de la calle del Carmen. En la reforma de 2009 regresó al inicio de Alcalá. Allí podemos verla hoy… de momento.

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Categorías: Madrid Turismo

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