La Puerta del Sol, escenario clave del 2 de mayo

Por | 2 mayo, 2014 | 0 comentarios

Dos de mayo en la Puerta del Sol

Era una mañana de mayo, como la de hoy. El año, 1808.

En medio de una gran incertidumbre política, muchas personas venidas de todas partes de Madrid y de algunas villas de los alrededores en las jornadas previas al 2 de mayo se congregan frente al Palacio Real con las primeras luces del día.

La chispa salta cuando ven a los soldados franceses sacando de palacio al infante Francisco de Paula para llevarlo a Francia junto al resto de la Familia Real. Se forma un gran tumulto que Murat no duda en sofocar mandando un destacamento de la Guardia Imperial. Abren fuego contra la multitud. Muchos mueren.

En numerosos barrios se organizan partidas populares para rebelarse contra las tropas francesas. Quieren vengar a los muertos del Palacio Real y deshacerse de los soldados que llevan ya medio año en territorio español. Pero es en la Puerta del Sol donde más personas se congregan. A las ocho de la mañana, ya son cerca de un millar y antes de tres horas llegarán a los diez mil.

A Murat no le tiembla el pulso. Sofocará la rebelión de la manera más contundente posible. Plantea una maniobra represiva enviando seis ejes de fuerzas armadas a través de las grandes avenidas madrileñas, que confluyen en la Puerta del Sol. Dragones, mamelucos, caballería pesada, cazadores a caballo y granaderos montados se van abriendo paso por Mayor, por Embajadores, por Atocha. Hasta el mismo centro de Madrid.

Al ver llegar a la caballería pesada, la multitud desarmada se dispersa para evitar los alfanjes de los mamelucos y los cascos de los caballos, bajo los que algunos mueren pisoteados. Otros corren a las calles próximas o se refugian en la Iglesia del Buen Suceso, por entonces situada en la esquina de la carrera de San Jerónimo.

En pocos instantes, donde antes había diez mil personas quedan apenas unas trescientas, armadas con cuchillos, piedras, chuzos… dispuestas a plantar cara a las tropas napoleónicas. Y aquí se desata el verdadero combate, que Goya inmortalizaría de forma magistral: navajas contra sables, caballos heridos de muerte, cadáveres de uno y otro bando, y la sangre regando el suelo de la plaza…

Hacia la una de la tarde, los imperiales han logrado hacerse con ésta y otras principales plazas de Madrid, cortar avenidas y aislar cuarteles. Algunos valientes, como Carlos Nogués y Pedrol, se acercan a la Puerta del Sol para atender a los heridos que yacen en el suelo de la plaza. Poco después, un silencio sepulcral se adueña del lugar.

Por la tarde, se producen innumerables arrestos por toda la ciudad. Las tropas francesas se llevan a los insurrectos que han participado en los combates o son sospechosos de haberlo hecho por el hecho de portar armas. Entre ellos, la costurera Manuela Malasaña. Se dice que le habían encontrado unas tijeras.

Al caer la noche, nuevamente la Puerta del Sol es escenario de los acontecimientos clave, pues la comisión militar encargada de juzgar a los presos capturados con armas en mano tiene lugar en la Real Casa de Correos. Uno a uno, los oficiales napoleónicos firman las sentencias de muerte por el delito de alta traición.

Los insurrectos serán ejecutados, de madrugada, en diferentes puntos de la ciudad: Cibeles, Recoletos, Puerta de Alcalá, Buen Suceso y Retiro. Y la mayoría en la Montaña del Príncipe Pío. Una terrible jornada que se salda con cerca de 500 muertos de ambos bandos.

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Categorías: Madrid Cultura

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